martes, 22 de julio de 2014

El puente de los suspiros de Thomas Hood

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¡Ahogada! ¡Ahogada!
Hamlet.

¡Una infortunada más, cansada ya de respirar, temeraria e impaciente que se fue a la muerte!

¡Tomadla con ternura, levantadla con cuidado: tan frágil, tan joven, tan bonita!

Mirad su vestido, pegado al cuerpo como un sudario, mientras el agua gotea sin cesar de sus ropas. ¡Levantadla en seguida, con amor, sin repugnancia!

No la consideréis despectivamente, pensad con dolor en ella, dulce y humanamente, no en sus máculas: todo cuanto queda de ella es ya pura mujer.

No escudriñéis muy hondo su rebelión irreflexiva y culpable; más allá del deshonor, la muerte ha dejado en ella sólo lo hermoso.

A pesar de sus errores, es de la raza de Eva, limpiad el cieno viscoso que mancha sus labios; recoged sus cabellos gruesos y rizados, sus hermosos cabellos castaños, mientras os preguntáis perplejos dónde estaría su hogar.

¿Quién sería su padre? ¿Quién su madre? ¿Tendría una hermana? ¿Tendría un hermano? ¿O habría alguno todavía más querido, alguien más cercano que todos los demás?

¡Ay, que extraña es la caridad cristiana en este mundo! ¡En una ciudad rebosante de gentes, ni un hogar que llamar propio!

Hermanas, hermanos, padre, madre: ¡Qué cambiados sus sentimientos hacia todos! El amor, toscamente derribado ante sus ojos, y hasta la providencia de Dios, ausente ya y ajena.

A la luz de los faroles que allí parpadean en lo hondo del río, con tantas ventanas iluminadas desde el desván hasta el sótano, sólo ella, trémula y confusa en medio de la noche, carecía de albergue.

El tórrido viento de marzo la hacía estremecer y tiritar; no, no era el gran arco oscuro del puente, ni el tenebroso río que corría debajo: enloquecida por la historia de la vida, jubilosa ante el misterio de la muerte, pronta a lanzarse en ella... ¡A cualquier parte, a cualquier sitio fuera del mundo!

Se arrojó temerariamente. ¡Qué importaba que el agua estuviese tan fría!... ¡Piensa en esa agua, hombre disoluto: imagínala, sumérgete en ella, lávate en ella, bébela, si es que puedes!

¡Tomadla con ternura, levantadla con cuidado; tan frágil, tan joven, tan bonita!

Antes de que sus helados miembros se pongan demasiado rígidos, dulcemente, bondadosamente, disponedlos con decoro y cerrad esos ojos abiertos que observan tan fijos.

Que miran tan terriblemente a través del légamo impuro, igual que cuando miraban con la última vista inexorable de la desesperación fija en el futuro.

Muerte sombría, a ella empujada por la glacial y tenaz indiferencia humana, por la frenética demencia de los hombres: cruzad modestamente sus manos sobre su seno, como si orasen en silencio; reconoced sus flaquezas, su mal conducta, y dejad humildemente sus pecados a su Salvador.

Thomas Hood (1799-1845)

jueves, 3 de julio de 2014

La música

 
 
(...) Pero a pesar de todo, creo que debe mostrarse agradecido por un poco de música. No soy, en modo alguno, músico, y además las obras interpretadas no son muy notables, ni clásicas ni modernas; es sencillamente música de banda, pero a pesar de todo, constituye un cambio agradable, que llena unas horas de algo diferente; las distribuye y las llena, una detrás de otra, de tal manera que rompe la monotonía, mientras que de lo contrario los días y las semanas pasan espantosamente.
 

miércoles, 2 de julio de 2014

El invierno del Mundo de Ken Follet




"La situación era la habitual, pensó Clara. Su padre era un hombre lógico, precavido y respetuoso con la ley. Su madre tenía estilo y sentido del humor. Él se salía con la suya gracias a su perseverancia serena; ella con su encanto y su descaro. Nunca se pondrían de acuerdo".

"A  Carla le gustaba ser enfermera, aunque seguía sintiéndose frustrada porque no le hubiesen permitido estudiar para ser médico. Con tantos jóvenes en el ejército, la actitud para con las estudiantes de medicina había cambiado y cada vez había más mujeres en la facultad de medicina".
pág. 447

-El invierno del mundo- de Ken Follet

jueves, 26 de junio de 2014

Jardín de invierno de Monika Zgustova





Monika Zgustova
Jardín de invierno (fragmento)

" El hombre no vive para ser feliz. ¿Por qué debería serlo? No hay nada que nos haga felices: el amor, el verdadero amor apasionado, el amor a vida o muerte, el que los griegos antiguos denominaron Eros, es como las alas de una mariposa: sus colores vivos pasan volando y dejan un desierto tras de sí. ¿Y la familia? Tampoco nos conduce a la felicidad, su horizonte limitado sólo puede satisfacer temperamentos serviles. Un hombre libre está solo, es consciente de su soledad, busca su soledad. Sin embargo, persiste una eterna contradicción difícil de aceptar: incluso un hombre libre necesita de ternura. Busca a aquellas personas que intuye serán capaces de aportársela, pero cuando ofrecen su cariño, las rechaza y hiere. Es imprescindible que el hombre libre sea consciente de la contradicción que alberga, aunque esa conciencia no solucione nada. Es imprescindible que el hombre sea franco y honrado consigo mismo. "


La violeta de Goethe

La casa de Campo de Goethe
Goethe
La violeta

"
En la pradera una violeta había
encorvada y perdida entre la yerba,
con todo y ser una gentil violeta.
Una linda pastora,
con leve paso y desenfado alegre,
llegó cruzando por el prado verde,
y este canto se escapa de su boca:

-¡Ay! Si yo fuera -la violeta dice-
la flor más bella de las flores todas...,
pero tan solo una violeta soy,
¡condenada a morir sobre el corpiño
de una muchacha loca!
¡Ah, mi reinado es breve en demasía;
tan solo un cuarto de hora!
En tanto que cantaba, la doncella,
sin fijarse en la pobre violetilla,
hollóla con sus pies hasta aplastarla.

Y al sucumbir, pensó la florecilla,
todavía con orgullo:
-Es ella, al menos,
quien la muerte me da con sus pies lindos,
no me ha sido del todo el sino adverso. "



domingo, 22 de junio de 2014

Ken Follet-Houses in Mitte — en Berlin-Friedrichshain, Germany.


Saturnino de ZdenêK Jirotka

 
Se trata de Saturnino, del escritor checo Zdenêk Jirotka. La historia nos la cuenta el propio protagonista, que nos narra las peripecias acontecidas durante el tiempo que estuvo a su servicio el excéntrico Saturnino, que fue su sirviente durante un corto período y que puso patas arriba su mundo de rutina. ¿A qué ya os va sonando de algo y podéis buscar alguna similitud clara? Como os podéis imaginar, las situaciones son de lo más desternillantes, y los acontecimientos se irán sucediendo con algunos pasajes realmente brillantes y que no nos quitan la risa de nuestra boca.  Es una novela humorística escrita en 1942 por Zdeněk Jirotka, con personajes tales como el peligroso sirviente Saturnino, la molesta tía Catalina y su hijo Milouš, el tío František, el doctor Vlach y el abuelo del narrador.
 
"Se les hace creer a las chicas que los industriales, los terratenientes, los banqueros y los millonarios se casan por principio con las modistas, telefonistas y dependientas que viven en la pobreza. Si no lo hacen, son infelices en su matrimonio y, tras la separación, vuelven arrepentidos a los brazos de su pobre, pero amada chica. Por supuesto, también a veces sucede que la heroína de la novela se enamora de un muchacho bueno y pobre, de un revisor, pongamos por caso, pero al final aquella penosa situación se acaba desenredando. Se descubre que el joven hacía de revisor por deporte, pero que en realidad es el propietario de la empresa de ferrocarriles. Por fin, se dicen entonces las lectoras, y se quedan contentas."