domingo, 30 de noviembre de 2014

Garman y Worse de Alexander Kielland




" Nada es tan ilimitado como el mar, nada tan paciente. En su amplio lomo lleva, como un elefante bonachón, los diminutos maniquíes que hollan la tierra. En sus vastas y gélidas profundidades yace todo lo mortal. No es cierto que el mar sea infiel, porque no ha prometido nada, y sin pretensión, puro, libre y verdadero, late su corazón como el último sonido en un mundo enfermo. Y mientras los maniquíes posan con avidez sus ojos sobre su superficie, entona su vieja lírica canción. Nunca dos antagonistas se comprenden del mismo modo. El mar tiene una palabra distinta para cada uno de ellos. "

"Hace mucho que hemos olvidado el escuchar" de Nelly Sachs




 
"Si El -en otro tiempo- nos hubiera plantado,
plantado como hierba de dunas, en el mar eterno,
creceríamos en pasturas tupidas,
como la lechuga crece en el huerto.
Aunque tengamos asuntos
que nos lleven más allá
de Su luz,
aunque bebamos el agua de cañerías
que se acerque muriendo
a nuestra boca, eternamente sedienta,
aunque caminemos por una calle
bajo la cual la tierra ha sido llevada al silencio
por un empedrado...
no debemos vender nuestro oído,
oh, nuestro oído no debemos vender.
También en el mercado,
en el cálculo del polvo,
más de uno da -rápidamente- un salto
sobre la cuerda de la nostalgia;
porque él escuchó algo,
dió el salto fuera del polvo
y sació su oído.
Apretad; oh, apretad -en el día de la destrucción-
a la tierra el oído que escucha,
y escucharéis, a través del sueño
escucharéis
cómo en la muerte
empieza la vida.
"

Richmal Crompton La morada maligna (fragmento)



" Y en aquel momento le pareció que la Cosa Maligna que yacía en el corazón de la belleza de la casa estaba a su lado y le sonreía a la luz de la luna. "

Las olas de Virginia Woolf

"Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. "

Leonard Woolf y Pinka

Leonard Woolf and Pinka, Monk's House, 1931. Source: Smith College

domingo, 23 de noviembre de 2014

Agnes Grey de Anne Brönte

Anne Brontë
Agnes Grey (fragmento)

" Imposible describir la frescura y pureza del aire. Ninguna otra cosa se movía, ningún otro ser a la vista, solo yo. Mis pisadas eran las primeras que hollaban aquella arena virgen; ninguna señal sobre ellas desde que la última marea borrara las marcas más profundas del día anterior, y la dejara lisa y uniforme, salvo en las partes en que el agua había dejado algunos charcos y pequeños arroyos. Refrescada y vigorizada por la brisa, feliz, caminaba por la playa, olvidando todas mis preocupaciones, como si mis pies tuvieran alas y pudiese caminar cuarenta millas sin fatiga, y experimentando una sensación de entusiasmo que no recordaba desde los días de mi juventud. "

domingo, 9 de noviembre de 2014

Johann Wolfgang Von Goethe, Casa de campo de Goethe




 
Goethe, aparte de hacer sus estudios en botánica, escribió una buena parte de su obra en ésta pequeña casa de campo. Hoy en día la casa es un museo.
 

Johann Wolfgang von Goethe (28 de agosto de 1749, en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – 22 de marzo de 1832, en Weimar, Turingia, Alemania) fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. En palabras de George Eliot fue "el más grande hombre de letras alemán... y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra". Su obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama e incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas posteriores, siendo incalculable en la filosofía alemana posterior y constante fuente de inspiración para todo tipo de obras. Su apellido da nombre al Goethe-Institut, organismo encargado de difundir la cultura alemana en todo el mundo.

David Copperfield de Charles Dickens


David Copperfield es una novela escrita por Charles Dickens. Fue publicada por entregas en 1849, y en forma de libro en 1850. Al igual que la mayoría de sus obras (a excepción de cinco de ellas), esta novela fue publicada en capítulos mensuales. Muchos elementos de la novela hacen referencia a la propia vida de Dickens, siendo probablemente la más autobiográfica de todas sus obras. Así también, el mismo Dickens señaló en un prólogo de la novela "de todos mis libros, éste es el que más me gusta", y luego "como muchos padres, tengo un hijo preferido, un hijo que es mi debilidad; este hijo se llama David Copperfield".

Charles Dickens trabajó en David Copperfield durante dos años entre 1848 y 1850, cuidadosamente planificando su trama y estructura. Siete novelas la preceden y siete novelas la sucederían, siendo David Copperfield la novela de punto medio.

La historia es contada casi completamente desde el punto de vista de un narrador en primera persona, el mismo David Copperfield, y fue la primera novela de Dickens en hacerlo de tal manera.

El libro es la narración por parte de David Copperfield de su propia vida, desde su nacimiento hasta su edad madura, y de aquellos que le rodearon, para bien o para mal. Inicia el día en que nació, ayudado a venir al mundo por el Dr. Chillip, cuando su padre ya había fallecido. Clara era el nombre de su madre, y el de su niñera también, aunque ésta es llamada en todo el relato por su nombre familiar Pegotty. Betsy Trotwood es la tía del padre de Copperfield, y visita a Clara el día en que nace David, esperando ayudarle en la crianza del bebé si es una niña, sin embargo, se marcha decepcionada al ver que es un niño.

Ulises del escritor irlandés James Joyce

Ulises es una novela del escritor irlandés James Joyce, publicada en 1922 con el título original en inglés de Ulysses. Su título proviene del protagonista de la versión griega de la Odisea de Homero, originalmente llamado en griego Odiseo.Es considerada por gran parte de la crítica la mejor novela en lengua inglesa del siglo XX Según el crítico y traductor español Francisco García Tortosa, Ulises es una de las novelas más influyentes, discutidas y renombradas del siglo XX. El libro ha sido objeto de numerosos y profundos estudios, críticas y controversias.

Dietrich Schwanitz comienza así el capítulo primero dedicado a la Historia de Europa en su libro Cultura:
En 1922, el escritor irlandés James Augustine Joyce publicaba su Ulises, la novela del siglo. Joyce describía las aventuras por la ciudad de Dublín del pequeñoburgués irlandés Leopold Bloom a lo largo del 16 de junio de 1904. Desde entonces, los admiradores de Joyce celebran este día como el "El Día de Bloom" (Bloomsday, juego de palabras por similitud con la expresión inglesa Doomsday, el Día del Juicio). El protagonista de la novela es judío, pero los episodios de aquel día siguen el modelo de la Odisea. De este modo Joyce quiere recordarnos que nuestra cultura es un país atravesado y bañado por dos ríos: uno de ellos nace en Israel, el otro en Grecia. Y los ríos son dos textos fundamentales que alimentan nuestra cultura con ricas historias.

sábado, 1 de noviembre de 2014

'El secreto de Raffles Haw' de Arthur Conan Doyle


Se produjo una leve oscilación, una trepidación y una sensación de movimiento. el joven artista miró en torno suyo, presa del mayor asombro. Por donde quiera que dirigía la mirada había helechos arborescentes, palmeras enlazadas por lianas y gran cantidad de orquídeas de brillantes colores. Fumadero, casa, Inglaterra, todo había desaparecido, y él se encontraba instalado en un sofá, en medio de una selva virgen del Amazonas. No era subterfugio ni ilusión óptica. Veía perfectamente bien salir el manantial de agua caliente por entre las malezas tropicales, caer las pesadas gotas sobre las enormes hojas verdes, y distinguía hasta el grano y las fibras de la ruda corteza con que se revestía el tronco de los árboles.

martes, 7 de octubre de 2014

Svenja Leibe (Los tres violines de Ruven Preuk) : “Culturalmente, Alemania aún no se ha recuperado del holocausto”


-¿De dónde viene la historia de Ruven y sus tres violines?
-Yo crecí en un pueblo cerca de Hamburgo, y allí uno de los granjeros tenía tres violines, uno de los cuales, decía, tenía un valor incalculable. El problema es que nunca supo cuál de todos era el violín valioso. Partiendo de ahí quise hacer una analogía con la historia de Orfeo a partir de la relación del mito con la muerte. Esa era, en resumen, la historia que yo quería contar, una historia que, debido a las andanzas de los violines, tenía que estar atravesada por el siglo XX alemán. Me alegro de haber escrito un libro que habla de la historia de mi país justo en un momento en que percibo cierto hartazgo de los alemanes con respecto a ella.

-¿A qué cree que se debe ese hartazgo?
-Es como si muchos alemanes hubiesen llegado a una especie de límite. No desean seguir escuchando lo que ocurrió. Por otro lado, hoy hay cierta tendencia a decir: “Bien, hicimos lo que hicimos, nuestro país hizo lo que hizo, pero yo estoy orgulloso de ser alemán. Ya sabe: los alemanes somos los mejores”. Pero, a mi modo de ver, eso es incompatible con una visión crítica de la historia. Continuamente, los medios nos dicen que somos los mejores jugando al fútbol, que a nivel político encabezamos Europa y que somos una potencia económica. Muy bien, pero ¿vamos a olvidar a dónde nos llevó la retórica de los vencedores? La victoria genera derrotados y Alemania, teniendo en cuenta su pasado, no se puede permitir esa mentalidad.

-Dice que los alemanes están cansados de su historia, pero el año pasado una serie de televisión, Hijos del Tercer Reich (Unsere Mütter, unsere Väter), fue el mayor éxito de audiencia en Alemania en los últimos años.
-Es interesante que mencione esa serie, porque para muchos ha sido la gota que ha colmado el vaso. Mi opinión es que es horrible. Es una serie llena de clichés, tópica, sentimental en el peor sentido, con esa música que te dice cuando tienes que reír, cuándo tienes que emocionarte, etc. Es una visión romántica, y por lo tanto adulterada, del periodo más crudo del siglo XX. Por ahí no puede ir nuestra manera de afrontar el pasado.

-También usted se refiere, al final del libro, al llamado milagro alemán tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Al leerlo da la sensación de que se hizo de algún modo la luz.
-La verdad es que no estoy demasiado convencida de que se hiciera la luz. En realidad, el milagro alemán no fue tal. Es cierto que en poco tiempo se levantó un país nuevo, y en el plano económico puede parecer que las cosas van bien, pero eso no quiere decir que se levantara un país mejor.

-¿Por dónde tiene margen de mejora Alemania? ¿A qué se refiere cuando dice que no es un país mejor?
-Me refiero a lo que quedó de la guerra. Desde entonces, hay un vacío gigantesco en Alemania que a día de hoy no se ha llenado: no nos hemos recuperado en absoluto a nivel cultural. El exterminio de toda la élite judía fue trágico para la historia cultural de Alemania. Es cierto que se ha mejorado, pero aún queda mucho camino. Es curioso, porque hoy son precisamente los emigrantes del este, de procedencia en su mayoría judía, quienes están haciendo que Alemania recupere, muy poco a poco, parte del brillo del pasado.

lunes, 6 de octubre de 2014

Stefan Zweig

 
"El destino me ha condenado con una mirada insobornable,
una mirada dura, pero un corazón frágil. "

Flores para Elisa Ernst Moritz Arndt




Ernst Moritz Arndt
Flores para Elisa

" El rocío del sol y la suave y pensativa brisa errabunda nos promete el corazón  de la tierra lejana, pálida y marchita, pero adornada de vida, porque la vida es amar a las flores, estrellas
que dibujan nuestro pavimento, soles de brillantes vestidos. Somos afortunados
al morir y ser enterrados al amparo de su fragancia.
"

 


Las cartas de amor de la marquesa de Lily Braun


Lily Braun
Las cartas de amor de la marquesa (fragmento)

" La anciana condesa Laval se acomodaba en su viejo sillón, echándose hacia atrás para hablar con una sonrisa pensativa y serena en sus labios, mirando irónicamente a su hija Delphine, la cual se ruborizó, ya sea por enojo, ya sea por vergüenza para permanecer en delicado silencio el resto de la velada. Quedó a solar con una de sus nietas, por lo que no tuvo que excitar su voluntad con largas oraciones. Creía poseer en su ancianidad la fórmula mágica para cautivar los corazones y un espíritu rococó-mitad dios del amor, mitad fauno-que entonaba canciones de pastoreo y épicas, mientras su rizada cabeza canosa bullía tormentosamente el contenido de su historia. Sentía que su vida se había ido desvaneciendo con sonidos ahogados a lo largo de duros inviernos de nieve blanda a los pies de los Vosgos. "

El Umbral de la Eternidad de Ken Follet

 
 
 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Flores llorosas en la mente del poeta de France Preseren

 
 
" En la mente de un poeta se vierten lágrimas
de flores extraídas de mi pecho, completamente
desnudo; mi corazón es un jardín: El amor es
la siembra de tristes elegías largamente
anheladas.

Eres su astro diurno, cuyo resplandor busco
en vano, miope, en todas partes. En el teatro,
en el paseo y en la plaza se deleitan
las bailarinas.

¿Con qué frecuencia a través de la
ciudad con sus ojos vigilantes, vago,
rezando por un destino más amable,
no esquivo, sin embargo, la captura
de resquicio alguno.

Me liberé de mis lágrimas, confinado
a la soledad: Por lo tanto todas esas
canciones que surgen de mi amor vienen
de donde ningún hombre puede encontrar
el sol.
"

Las alas del deseo de Peter Handke




 " Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando, quería que el arroyo fuera un río, que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño, para él todo estaba animado, y todas las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre, se sentaba en cuclillas, tenía un remolino en el cabello y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
(...)
Cuando el niño era niño no podía pasar las espinacas, los porotos, el arroz con leche y la coliflor salteada. Ahora se lo come todo, y no porque lo obliguen. Cuando el niño era niño despertó una vez en una cama extraña, y ahora una y otra vez. Muchas personas le parecían bellas, y ahora sólo con suerte. Imaginaba claramente un paraíso, y ahora apenas puede intuirlo. Nada podía pensar de la nada, y hoy esta idea lo estremece. Cuando el niño era niño jugaba con entusiasmo, y ahora se sumerje en sus cosas como antes, sólo cuando esas cosas son su trabajo.
(...)
Cuando el niño era niño, las manzanas y el pan le bastaban de alimento, y todavía es así. Cuando el niño era niño, las bayas le caían en la mano sólo como caen las bayas, y ahora todavía lo hacen. Las nueces frescas le ponían áspera la lengua, y todavía es así. Encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta, y en cada ciudad el anhelo de una ciudad más grande, y siempre es así todavía. En la copa del árbol tiraba de las cerezas con igual deleite como hoy todavía lo sigue haciendo. Se asustaba de los extraños, y todavía se asusta; esperaba las primeras nieves, y todavía las espera. Cuando el niño era niño, lanzó un palo como una lanza contra un árbol, y aún hoy vibra todavía.
"


"Doña Concha Espina" y "Don Pío Baroja"


martes, 26 de agosto de 2014

Primavera sombría (fragmento) de Unica Zürn



 
                         Primavera sombría (fragmento)

" Saca del armario un pijama más bonito y se lo pone. Se mira al espejo por última vez. Imagina el golpe que su cuerpo dará en el suelo y las manchas de tierra y de sangre que habrá en el pijama. En el cementerio reinará un silencio de muerte y la gente se mirará con ojos de culpabilidad: ¿No sabéis que aquí hay una niña que se mató por amor? Y en adelante los padres serán menos severos y más cariñosos con sus hijos, para que no les ocurra lo mismo. Y piensa también en el duro y estrecho ataúd, en el que no podrá estirar los brazos y las piernas como hace en su cama blanda. Estará rígida como un soldado. ¿Y si no se mata al caer y la salvan?
(...)
Ya está casi oscuro en la habitación. Sólo llega a la ventana el resplandor de una farola de la calle. Ya le es indiferente morir "en suelo extraño" o en su jardín. Se sube al alféizar, se sujeta con fuerza a la cuerda de la persiana y ve su oscura silueta en el espejo. Le parece encantadora y empieza a sentir compasión de sí misma. "Se acabó", dice en voz baja, y antes de que sus pies se separen del alféizar, ya se siente muerta. Cae de cabeza y se desnuca. Su cuerpecito queda extrañamente doblado sobre la hierba. El primero que la encuentra es el perro. En vista de que no se mueve, se tiende a su lado llorando suavemente.
"

Fran Kafka




«Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza no envejecerá nunca.»
Franz Kafka



 

El malogrado guardián de la belleza



Encarna al gran poeta romántico en una tradición, la británica, que dio de sí algunos de los románticos más extremos de la literatura .

Tan sólo tuvo cinco años para trazar buena parte de lo mejor de su obra. Incomprendido y denostado en su época, su actitud y su infortunio apuntalaron su tierna leyenda
Para morir a los 26 años y dejar en herencia una valija de poemas asumidos como el catón del romanticismo británico hay que haber atravesado el fondo de muchas tinieblas. John Keats dio el estirón final como escritor en el último recodo de su vida, cuando aún tenía mirada de doncel y unos pulmones de azúcar tierno troceados por la tuberculosis. Antes de ese final sublime, bombeando versos del pecho entre esputos de sangre, fue principalmente un poeta maltratado y mal entendido que medía exactamente "cinco pies de estatura" [152 centímetros].
Aquel muchacho bruñido de grecias y clasicismo nació junto a una caballeriza en 1790, a las afueras de Londres. Dio el primer vagido mientras su padre ensillaba un potro para la doma. A los pocos años, aquel mismo caballo derribó al progenitor en un quiebro rampante dejando cinco huérfanos y una madre que tampoco tardaría en morir de tisis. John Keats, con la dolescencia en pleno festival, quedó al cuidado de una abuela que escogió dos tutores para 'esponsorizar' la educación de aquel muchacho que ya mostraba un formulario espiritual marcado por la literatura. Lo quisieron reconducir y convertirlo en cirujano, pero acabó de boticario dispensando infusiones de brea contra la viruela.
Para entonces, tenía el alma felizmente infectada de lecturas de Virgilio. A los 15 años traducía la Eneida con la pasión indomable de quien se adentra en un mórbido laberinto. En su camino se cruzó el editor y poeta Leigh Hunt y el joven Keats puso a remojo la farmacia para enclavijarse definitivamente en el oficio de las letras. Accedió al selecto círculo de los románticos a plazo fijo: Percy B. Shelley, Lord Byron, Coleridge, Wordsworth y compañía. Entre todos se elogiaban con falsa puntilla de buenos modales y se apuñalaban después como golfillos de billar.
Abandonó los estudios de cirujano para dedicarse de pleno a la poesía
El primer libro de Keats, 'Poemas', publicado en 1817, no interesó a casi nadie. Sólo veían en él la estela densa de un hiperestésico incapaz de trascender el espacio de una emoción. Para entonces vivía volcado en escribir. Había trazado una hoja de ruta con el cálculo de una década hasta lograr esa obra total que doblaría la mandíbula de sus amados Homero, Shakespeare o Milton. Pero para aquella ambición los dioses sólo le concedieron cuatro años. Y dos de ellos enfermo. Contrajo la tuberculosis en un viaje de dos meses por Escocia, una de las escasas expediciones que pudo cumplir en sus pocos años. Fue en busca de nuevos paisajes y emociones para ensanchar su mundo poético.
Al regreso de aquella aventura se alojó en la casa de su amigo Charles Brown, donde conoció a la única mujer que le dispuso para el amor, Fanny Brawne. Escribió el 'Endymion', que también cayó en desgracia entre la crítica, a pesar de que dentro se alojan versos memorables: "Una cosa bella es un gozo eterno". Con Fanny, su único cobijo contra la tormenta, mantuvo una correspondencia febril y furtiva, a veces con cartas delicadas pero rubricadas con el escroto, tocadas de una cólera de enamorado llameante. Estaba encendido de un amor tan soberanamente fiero que podría haber aullado aquello otro que apuntó Saint-Exúpery: "Amar no es mirarnos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección".
Aquel epistolario lo publicaron los hijos de Frances Lindon (con ese nombre murió Fanny tras siete años de matrimonio con Louis Lindon) y armó el escándalo en la estrecha sociedad victoriana: "Me has cautivado con un poder que soy incapaz de resistir; y sin embargo lo era hasta que te vi; y desde que te he visto me he esforzado a menudo en razonar contra las razones de mi amor. Ya no puedo hacerlo, el dolor sería demasiado grande. Mi amor es egoísta. No puedo respirar sin ti...".
Junto a las cartas, Keats dejó también un rastro de folios en los que reflexionó sobre la poesía y su mecánica celeste con una profundidad que quizá no alcanzó de igual modo en buena parte de sus poemas. En esas reflexiones tomó por asalto la vida aquel ser que nunca fue ajeno a los conflictos de su tiempo.
Su romanticismo fue una sacudida, un vozarrón de madrugada
En 1818, Keats era ya un romántico del norte que se había preñado de clasicismo mediterráneo. La vida empezaba a ponerle fecha de salida. El Romanticismo inauguraba la modernidad con un pediluvio de rebeldía que tenía su kilómetro cero en la insatisfacción ante lo real y en la idea de la libertad como un vasto océano incompatible con el puritanismo de una cierta burguesía cínica, conforme y censora. El Romanticismo fue una sacudida, un vozarrón de madrugada calentando los aleros de nuevas revoluciones pendientes.
En la obra de Keats está concentrada la gravedad del otoño. Y ese aire se respira aún hoy en la mansión de Wentworth Place (Londres), donde vivió. Una casa color blanco roto situada en el corazón del barrio de Hampstead y que acoge la utillería del poeta: retratos, escribanía, la cama minúscula, facsímiles, un camafeo con un mechón de pelo de Fanny y un yeso que es la mascarilla mortuoria del poeta, con esa nariz en pico de los muertos y los labios recogidos hacia dentro.
John Keats fue el más malogrado de los románticos ingleses. El menos fastuoso de experiencia. Y, sin embargo, el más sensible. Si alzas su retrato apuntando al sol, en él ha quedado el reflejo mágico de un tiempo sumergido. Aprendió sufriendo lo que enseñó cantando. "La belleza es la verdad, esto es todo lo que sabes de la Tierra, todo lo que necesitas saber".
Los últimos años de John Keats fueron un glorioso galope hasta concretar cuatro o cinco poemas necesarios que han quedado en pie después de devastaciones y abstrusos cánones académicos de todo pelaje: 'Oda a un ruiseñor', 'Oda a una urna griega', 'Oda a Psique', 'Oda a la melancolía'... Aparecieron en su último libro, de 1820, Lamia y otros poemas.
En esos días la tuberculosis le iba trepanando ya por dentro. Los médicos le sugirieron cambiar Londres por las bondades climáticas de Italia. En los primeros meses 1820, junto al pintor Joseph Severn e invitados por Percy B. Shelley, marchó hacia Roma. Keats revivió brevemente casi un año, pero no dejó de sentir una extraña sensación de fugacidad, de extravío, de meta. Su destartalada salud entró definitivamente en barrena. Murió el 23 de febrero de 1823 junto a la Plaza de España de Roma. Murió con esa violencia de quien cae al suelo demasiado joven y aún no quiere abandonar este galante carnaval de insidias y sonatas. Murió convencido de haber fracasado.

martes, 22 de julio de 2014

El puente de los suspiros de Thomas Hood

.

¡Ahogada! ¡Ahogada!
Hamlet.

¡Una infortunada más, cansada ya de respirar, temeraria e impaciente que se fue a la muerte!

¡Tomadla con ternura, levantadla con cuidado: tan frágil, tan joven, tan bonita!

Mirad su vestido, pegado al cuerpo como un sudario, mientras el agua gotea sin cesar de sus ropas. ¡Levantadla en seguida, con amor, sin repugnancia!

No la consideréis despectivamente, pensad con dolor en ella, dulce y humanamente, no en sus máculas: todo cuanto queda de ella es ya pura mujer.

No escudriñéis muy hondo su rebelión irreflexiva y culpable; más allá del deshonor, la muerte ha dejado en ella sólo lo hermoso.

A pesar de sus errores, es de la raza de Eva, limpiad el cieno viscoso que mancha sus labios; recoged sus cabellos gruesos y rizados, sus hermosos cabellos castaños, mientras os preguntáis perplejos dónde estaría su hogar.

¿Quién sería su padre? ¿Quién su madre? ¿Tendría una hermana? ¿Tendría un hermano? ¿O habría alguno todavía más querido, alguien más cercano que todos los demás?

¡Ay, que extraña es la caridad cristiana en este mundo! ¡En una ciudad rebosante de gentes, ni un hogar que llamar propio!

Hermanas, hermanos, padre, madre: ¡Qué cambiados sus sentimientos hacia todos! El amor, toscamente derribado ante sus ojos, y hasta la providencia de Dios, ausente ya y ajena.

A la luz de los faroles que allí parpadean en lo hondo del río, con tantas ventanas iluminadas desde el desván hasta el sótano, sólo ella, trémula y confusa en medio de la noche, carecía de albergue.

El tórrido viento de marzo la hacía estremecer y tiritar; no, no era el gran arco oscuro del puente, ni el tenebroso río que corría debajo: enloquecida por la historia de la vida, jubilosa ante el misterio de la muerte, pronta a lanzarse en ella... ¡A cualquier parte, a cualquier sitio fuera del mundo!

Se arrojó temerariamente. ¡Qué importaba que el agua estuviese tan fría!... ¡Piensa en esa agua, hombre disoluto: imagínala, sumérgete en ella, lávate en ella, bébela, si es que puedes!

¡Tomadla con ternura, levantadla con cuidado; tan frágil, tan joven, tan bonita!

Antes de que sus helados miembros se pongan demasiado rígidos, dulcemente, bondadosamente, disponedlos con decoro y cerrad esos ojos abiertos que observan tan fijos.

Que miran tan terriblemente a través del légamo impuro, igual que cuando miraban con la última vista inexorable de la desesperación fija en el futuro.

Muerte sombría, a ella empujada por la glacial y tenaz indiferencia humana, por la frenética demencia de los hombres: cruzad modestamente sus manos sobre su seno, como si orasen en silencio; reconoced sus flaquezas, su mal conducta, y dejad humildemente sus pecados a su Salvador.

Thomas Hood (1799-1845)

jueves, 3 de julio de 2014

La música

 
 
(...) Pero a pesar de todo, creo que debe mostrarse agradecido por un poco de música. No soy, en modo alguno, músico, y además las obras interpretadas no son muy notables, ni clásicas ni modernas; es sencillamente música de banda, pero a pesar de todo, constituye un cambio agradable, que llena unas horas de algo diferente; las distribuye y las llena, una detrás de otra, de tal manera que rompe la monotonía, mientras que de lo contrario los días y las semanas pasan espantosamente.
 

miércoles, 2 de julio de 2014

El invierno del Mundo de Ken Follet




"La situación era la habitual, pensó Clara. Su padre era un hombre lógico, precavido y respetuoso con la ley. Su madre tenía estilo y sentido del humor. Él se salía con la suya gracias a su perseverancia serena; ella con su encanto y su descaro. Nunca se pondrían de acuerdo".

"A  Carla le gustaba ser enfermera, aunque seguía sintiéndose frustrada porque no le hubiesen permitido estudiar para ser médico. Con tantos jóvenes en el ejército, la actitud para con las estudiantes de medicina había cambiado y cada vez había más mujeres en la facultad de medicina".
pág. 447

-El invierno del mundo- de Ken Follet

jueves, 26 de junio de 2014

Jardín de invierno de Monika Zgustova





Monika Zgustova
Jardín de invierno (fragmento)

" El hombre no vive para ser feliz. ¿Por qué debería serlo? No hay nada que nos haga felices: el amor, el verdadero amor apasionado, el amor a vida o muerte, el que los griegos antiguos denominaron Eros, es como las alas de una mariposa: sus colores vivos pasan volando y dejan un desierto tras de sí. ¿Y la familia? Tampoco nos conduce a la felicidad, su horizonte limitado sólo puede satisfacer temperamentos serviles. Un hombre libre está solo, es consciente de su soledad, busca su soledad. Sin embargo, persiste una eterna contradicción difícil de aceptar: incluso un hombre libre necesita de ternura. Busca a aquellas personas que intuye serán capaces de aportársela, pero cuando ofrecen su cariño, las rechaza y hiere. Es imprescindible que el hombre libre sea consciente de la contradicción que alberga, aunque esa conciencia no solucione nada. Es imprescindible que el hombre sea franco y honrado consigo mismo. "


La violeta de Goethe

La casa de Campo de Goethe
Goethe
La violeta

"
En la pradera una violeta había
encorvada y perdida entre la yerba,
con todo y ser una gentil violeta.
Una linda pastora,
con leve paso y desenfado alegre,
llegó cruzando por el prado verde,
y este canto se escapa de su boca:

-¡Ay! Si yo fuera -la violeta dice-
la flor más bella de las flores todas...,
pero tan solo una violeta soy,
¡condenada a morir sobre el corpiño
de una muchacha loca!
¡Ah, mi reinado es breve en demasía;
tan solo un cuarto de hora!
En tanto que cantaba, la doncella,
sin fijarse en la pobre violetilla,
hollóla con sus pies hasta aplastarla.

Y al sucumbir, pensó la florecilla,
todavía con orgullo:
-Es ella, al menos,
quien la muerte me da con sus pies lindos,
no me ha sido del todo el sino adverso. "



domingo, 22 de junio de 2014

Ken Follet-Houses in Mitte — en Berlin-Friedrichshain, Germany.


Saturnino de ZdenêK Jirotka

 
Se trata de Saturnino, del escritor checo Zdenêk Jirotka. La historia nos la cuenta el propio protagonista, que nos narra las peripecias acontecidas durante el tiempo que estuvo a su servicio el excéntrico Saturnino, que fue su sirviente durante un corto período y que puso patas arriba su mundo de rutina. ¿A qué ya os va sonando de algo y podéis buscar alguna similitud clara? Como os podéis imaginar, las situaciones son de lo más desternillantes, y los acontecimientos se irán sucediendo con algunos pasajes realmente brillantes y que no nos quitan la risa de nuestra boca.  Es una novela humorística escrita en 1942 por Zdeněk Jirotka, con personajes tales como el peligroso sirviente Saturnino, la molesta tía Catalina y su hijo Milouš, el tío František, el doctor Vlach y el abuelo del narrador.
 
"Se les hace creer a las chicas que los industriales, los terratenientes, los banqueros y los millonarios se casan por principio con las modistas, telefonistas y dependientas que viven en la pobreza. Si no lo hacen, son infelices en su matrimonio y, tras la separación, vuelven arrepentidos a los brazos de su pobre, pero amada chica. Por supuesto, también a veces sucede que la heroína de la novela se enamora de un muchacho bueno y pobre, de un revisor, pongamos por caso, pero al final aquella penosa situación se acaba desenredando. Se descubre que el joven hacía de revisor por deporte, pero que en realidad es el propietario de la empresa de ferrocarriles. Por fin, se dicen entonces las lectoras, y se quedan contentas."

sábado, 21 de junio de 2014

John Galsworthy, Novelista y dramaturgo inglés



John Galsworthy (Kingston upon Thames, Surrey, 14 de agosto de 1867 - Londres, 31 de enero de 1933) fue un novelista y dramaturgo inglés.
Estudió en Harrow y en la Universidad de Oxford, donde se doctoró en derecho en 1890, aunque pronto comenzó a escribir, quizás debido a su amistad con Joseph Conrad.
En 1899 se publicó su primera novela, Jocelyn, bajo el el seudónimo de «John Sinjohn» que habría de utilizar durante algún tiempo. En 1906 se estrenó su primera obra teatral, The Silver Box (La caja de plata), que resultó un éxito, seguida de A Man of Property (El propietario) con la que inició la famosa serie La saga de los Forsyte, pensada inicialmente para 5 volúmenes. En esta serie se muestra toda un conjunto de situaciones de la vida familiar de la alta clase media inglesa, tanto de la época victoriana como de la moderna. Tras el título inicial, publicó El veranillo de San Martín de un Forsyte (1918), En el tribunal (1920), Despertar (1920) y Se alquila (1921).
Amplió este ciclo narrativo en otras novelas y relatos cortos de los mismos caracteres y temas, entre los que destacan The White Monkey (El mono blanco, 1924), The Silver Spoon (La cuchara de plata, 1926) y Swan Song (El canto del cisne, 1928), publicados bajo el título de Una comedia moderna en 1929. A éstas siguieron a su vez Esperanzas juveniles en 1931.
Instalado en Sussex Galsworthy escribió muchas obras teatrales y novelas, confirmándose como uno de los escritores más prolíficos de su tiempo. Entre sus obras de teatro están Justice (1910), The Skin Game (1920) y Old English (1924). Entre sus novelas también se destacan The Patrician (1911), The Dark Flower (1913), The Freelands (1915) y Saint's Progress (1919). Sus relatos cortos fueron reunidos y publicados en 1927 bajo el título de Caravan.
En 1932 fue galardonado con el premio Nobel de Literatura en reconocimiento a su eminente fuerza descriptiva.
En 1967 la BBC realizó y emitió una serie televisiva basada en la saga de los Forsyte que alcanzó una enorme popularidad tanto en Gran Bretaña como en otros muchos países

miércoles, 21 de mayo de 2014

El árbol (dedicado a Rainer Maria Rilke) de Krzysztof Kamil Baczynski

 
 
Krzysztof Kamil Baczynski
El árbol (dedicado a Rainer Maria Rilke)

" Cada leve giro se asemeja
a la crin de la llanura del tiempo,
en la que se vierte luz y se asemeja
a la imagen del mar que fluye y acaricia
la nube de invierno que oscila hacia el otoño,
espina que estrecha el hálito cobrizo.
La sonrisa es moldeada y despierta la nieve
hacia la tarde erigida en carne y cuerpo durmiente.
Me despertaré en la mañana. "

Enid Blyton-Santa Clara


lunes, 19 de mayo de 2014

¿Qué nos dejó la literatura del Romanticismo en España?


José de Espronceda
Aún leemos clásicos, sí. “El Quijote” sigue en alza con sus gigantes molinos de viento y las “Novelas Ejemplares” del gran Cervantes aún se recomiendan para lecturas en muchos de los institutos españoles para su asignatura de Lengua y Literatura. Pero, ¿qué quedó de la época del Romanticismo Español?
La obra de “Don Juan Tenorio” del gran José Zorrilla aún se escenifica en muchos teatros españoles y el sevillano Bécquer podría sentirse orgulloso porque su poesía aún no ha muerto gracias sobre todo al amor adolescente. Pero, ¿aún se siguen leyendo obras de José de Espronceda o el Duque de Rivas? ¿Aún quedan personas que en las ferias de libros se acercan a los puestos buscando algo de Rosalía de Castro o Mariano José de Larra?.

Quizás sea una pena que una época tan difícil y tan contradictoria haya quedado en el olvido en cuanto a la creación de obras se refiere. Fue difícil por su época, existían demasiadas tensiones políticas y bastante gente descontenta, que dio paso a cantidad de movilizaciones de protesta sobre todo entre la clase obrera. Y fue difícil hacerse un hueco entre tanto conservador neoclásico. Aún así, el Romanticismo salió adelante y son muchas las obras que podríamos disfrutar de aquella maravillosa etapa.

Se puede decir que José de Espronceda fue el romántico más señalado de aquella época. Dejó su postura más neoclasicista para escribir poemas de vertiente romántica. Sus poesías más señaladas son “Canción del pirata”, “El verdugo” o “Canto del cosaco”, pero de todas, su obra más característica y conocida es “El estudiante de Salamanca”, escrita en 1840. Es una composición que consta de 2000 versos de medidas diferentes que narran la muerte por amor de Elvira, al morir su amado Don Félix de Montemar.


Otro autor muy característico de esta época y ya citado en este artículo es el sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Su obra consta de rimas y leyendas de una muy clara vertiente romántica. Sus leyendas fueron 28 entre las que predomina la atracción por el misterio y lo desconocido. Sus rimas son un total de 79 poemas cortos que fueron compuestos a lo largo de toda su vida. En ellos habla del amor y desamor, la muerte, los temas religiosos y la brujería.
La gallega Rosalía de Castro también destacó en esta época. Su obra más señalada es la de “Cantares Gallegos”, en la que narra la añoranza por su tierra popular y diferentes temas populares.
Son muchos los libros que salen al mercado literario actualmente; es muy importante leer “El Quijote” o algún otro clásico de la literatura española, pero también son muy buenas las obras que nacieron en el Romanticismo Español y no debemos obviarlas.

El Romanticismo es un movimiento revolucionario en todos los ámbitos vitales que, en las artes, rompe con los esquemas establecidos en el Neoclasicismo, defendiendo la fantasía, la imaginación y las fuerzas irracionales del espíritu. El Neoclasicismo aún perdura en algunos autores, pero muchos, que se iniciaron en la postura neoclasicista, se convirtieron ávidamente al Romanticismo, como el Duque de Rivas o José de Espronceda. Otros, sin embargo, fueron desde sus inicios románticos convencidos.
El origen del término "romanticismo" dista mucho de ser claro, además, la evolución del movimiento cambia según el país. En el siglo XVII aparece ya en Inglaterra con el significado de "irreal". Samuel Pepys (1633-1703) lo emplea en el sentido de "emocionante" y "amoroso". James Boswell (1740-1795) lo utiliza para describir el aspecto de Córcega. Romantic aparece como adjetivo genérico para expresar lo "pasional" y "emotivo". En Alemania, sin embargo, fue empleado por Johann Gottfried Herder como sinónimo de "medieval". El término romanhaft (novelesco) fue reemplazado por romantisch, con connotaciones más emotivas y pasionales. En Francia, Jean-Jacques Rousseau lo utiliza en una descripción del Lago de Ginebra. En 1798, el Diccionario de la Academia Francesa recoge el sentido natural y el sentido literario de romantique. En España hay que esperar hasta 1805 para dar con la expresión romancista. Durante los años 1814 y 1818, tras sucesivas polémicas, se usan, aún con indecisión, los términos de romanesco, romancesco, románico y romántico.
Los precursores del Romanticismo, que se extendió por Europa y América, son Rousseau (* 1712-1778) y el dramaturgo alemán Goethe (* 1749-1832). Bajo el influjo de estas figuras los románticos se encaminan a crear obras menos perfectas y menos regulares, pero más profundas e íntimas. Buscan entre el misterio e imponen los derechos del sentimiento. Su lema es la libertad en todos los aspectos de la vida.
El Romanticismo en España fue tardío y breve, más intenso, pues la segunda mitad del siglo XIX lo acapara el Realismo, de características antagónicas a la literatura romántica.

En España, el romanticismo es considerado complejo y confuso, con grandes contradicciones que comprenden desde la rebeldía y las ideas revolucionarias hasta el retorno a la tradición católico-monárquica. Respecto a la libertad política, algunos la entendieron como una mera restauración de los valores ideológicos, patrióticos y religiosos que habían deseado suprimir los racionalistas del siglo XVIII. Exaltan, pues, el Cristianismo, el Trono y la Patria, como máximos valores. En esta vertiente de Romanticismo tradicional se incluyen Walter Scott, en Inglaterra, Chateaubriand en Francia, y el Duque de Rivas y José Zorrilla en España. Se basa en la ideología de la Restauración, que se origina tras la caída de Napoleón Bonaparte, y defiende los valores tradicionales representados por la Iglesia y el Estado. Por otro lado, otros románticos, como ciudadanos libres, combaten todo orden establecido, en religión, arte y política. Reclaman los derechos del individuo frente a la sociedad y a las leyes. Ellos representan el Romanticismo revolucionario o Romanticismo liberal y sus representantes más destacados son Lord Byron, en Inglaterra, Victor Hugo, en Francia y José de Espronceda, en España. Se apoya en tres pilares: la búsqueda y la justificación del conocimiento irracional que la razón negaba, la dialéctica hegelian y el historicismo.

lunes, 12 de mayo de 2014

"A la música" de Robert Herrick

 

Encántame, adorméceme y consúmeme con tus deliciosas armonías;
Déjame arrebatado alejarme en tranquilos sueños.
Alivia mi mente enferma, adorna mi lecho,
Tú, poder que puedes librarme de este dolor;
Hazlo rápidamente, aunque no consumas mi fiebre.

Con dulzura, tu conviertes su fuego voraz en una llama cálida,
Y luego la haces expirar; ayúdame a llorar mis penas,
Y concédeme tal descanso que yo, pobre de mi,
Crea que vivo y muero entre rosas.

Cae sobre mi como un rocío silencioso,
O como esas lluvias virginales que en la aurora
Esparcen su bautismo sobre las flores.
Diluye, derrite mis sufrimientos con tus suaves acordes;
Que yo pueda entre deleites abandonar esta luz,
y alzar mi vuelo hacia el Paraíso.

Hermosa Elenor de William Blake

 

La campana dio la una estremeciendo la torre silenciosa.
Las tumbas entregan sus muertos: la hermosa Elenor
ha pasado junto al portal del castillo y, deteniéndose,
mira a su alrededor.
Un lamento sordo recorrió las siniestras bóvedas.

Gritó fuerte y rodó por los peldaños.
Sus mejillas pálidas dieron contra la roca yerta.
Nauseabundos olores de muerte
escapan como de un lóbrego sepulcro.
Todo es silencio, salvo el suspiro de las bóvedas.

La helada muerte retira su mano, y la doncella revive.
Asombrada se encuentra de pie,
y como ágil espectro, por estrechos corredores anda,
sintiendo el frío de los muros en sus manos.

Retorna la fantasía y piensa entonces en huesos,
en cráneos que ríen,
y en la muerte corruptora envuelta en su mortaja.
No tarda en imaginar hondos suspiros,
y lívidos fantasmas que por allí se deslizan.

Al fin, no la fantasía, sino la realidad,
atrae su atención. Un ruido de pasos,
de alguien que corre, se acercan. Ellen se detuvo
como una estatua muda, helada de terror.

El condenado se acerca gimiendo: "El mal está hecho;
toma esto y envíalo por quien fuere.
Es mi vida. Envíalo a Elenor.
¡Muerto está, pero clama tras de mí, sediento de sangre!"

¡Toma!, exclamó, arrojando a sus manos
un paño húmedo y envuelto. Luego huyó
gritando. Ella recibió en sus manos
la pálida muerte y le siguió en alas del espanto.

Atravesaron presurosos las rejas exteriores.
El desdichado, sin dejar de ulular, saltó el muro, cayendo al foso
y ahogándose en el cieno. La hermosa Ellen cruzó el puente
y oyó entonces un tétrica voz que preguntaba: ¿Lo has hecho?

Como herida y frágil gacela, Ellen corre
por la llanura sin caminos. Como aérea flecha nocturna
hacia la destrucción, desgarrando la oscuridad,
huye del terror hasta volver al hogar.

Sus doncellas la esperaban. Sobre su lecho cae,
aquel lecho de alegrías donde en otro tiempo su Señor
la abrazara.
¡Ah, espanto de mujer!, exclamó, ¡Ah, maldecido duque!
¡Ah, mi amado Señor! ¡Ah, miserable Elenor!

¡Mi Señor era como una flor sobre las sienes
del lozano mayo! ¡Ah, vida, frágil como la flor!
¡Oh, lívida muerte! ¡Aparta tu mano cruel!
¿Pretendes acaso que florezca para adornar
tus horribles sienes?

Mi Señor era como una estrella en lo alto de los cielos,
arrastrada a la Tierra mediante hechizos y conjuros;
mi Señor era como los ojos del día al abrirse,
cuando la brisa de occidente danza sobre las flores.

Pero se oscureció. Como el mediodía estival,
se nubló; cayó como el majestuoso árbol talado;
moró entre sus hojas el aliento de los cielos.
¡Oh, Elenor, débil mujer abatida por el infortunio!

Tras hablar así levantó la cabeza,
viendo junto a ella el ensangrentado paño
que sus manos trajeron. Entonces, diez veces
más aterrada, vio que sólo se desenvolvía.

Su mirada estaba fija. La sangrante tela se abre
descubriendo a sus ojos la cabeza
de su amado señor; amarillenta y cubierta
de sangre seca, la cual, tras gemir, así habló:

Oh, Elenor, soy lo que queda de tu Señor
que; mientras reposaba sobre las piedras
de la lejana torre,
fue privado de la vida por el miserable duque.
¡Un villano mercenario cambió mi sueño en muerte!

¡Oh, Elenor, cuídate del perverso duque!
No le des tu mano, ahora que muerto yazgo.
Tu amor busca quien, cobarde y al amparo de las sombras
invita rufianes para arrebatarme la vida.

Ella se dejó caer con miembros yertos,
rígida como la piedra.
Tomando la ensangrentada cabeza entre sus manos,
besó los pálidos labios. No tenía lágrimas que derramar.
La llevó en su seno y lanzó su último gemido.

lunes, 28 de abril de 2014

El río Danubio de Ján Kollár


Ján Kollár
El río Danubio (fragmento)

" Reina fluvial y madre de Eslavonia, ¿por qué abandonas tu tierra natal sur cando mares extranjeros? Tus hijos derraman lágrimas álgidas que se mecen sobre el mar de plata de tu regazo. La fama corona tu faz, una fama regada por una sola lágrima. "


Camilla Läckberg: "Antes de ser escritora, era la economista sueca más i...


sábado, 26 de abril de 2014

Carta a Sigmund Freud de Karl Abraham

Karl Abraham
Carta a Sigmund Freud (fragmento)

" Querido profesor, debo suponer que varias de mis tarjetas y al menos una de mis misivas no han sido recibidas por usted. Lamentablemente, el servicio postal sigue siendo difícil. Su carta, fechada y sellada el 3 de septiembre, llegó ayer, tras nueve días de demora para llegar hasta aquí.
Me alegra saber que te encuentras bien y que tu hermana se halla en vías de franca recuperación. Mis mejores deseos para que se recupere pronto y pueda estar de nuevo con sus dos hijos. Muchas gracias, por cierto, por la postal que tú y Martin me enviásteis.
Todo está bien en mi familia. Hay algunos presagios acerca de la posibilidad de la guerra en Berlín. Hemos estado muy tranquilos por la completa derrota de los rusos en el este de Prusia, como bien sabes, y nos esperan noticias favorables en los próximos días acerca de la batalla en Marne. Una vez que se decidió a nuestro favor, Francia se retirará prácticamente de inmediato, es decir, será sólo cuestión de un tiempo relativamente corto la captura de las fortificaciones situadas al sureste. Esta tarde, incluso, hemos oído hablar de la retirada austríaca cerca de Lemberg. "


Parzival de Wolfram Von Eschenbach



Wolfram von Eschenbach
Parzival (fragmento)

" Si la duda anida en la vecindad del corazón, habrá de nacer amargura en el alma. Si se unen, como los dos colores de la urraca, el valor intrépido del hombre y su contrario, todo será a un tiempo laudable y deshonroso. Quien duda puede estar contento, pues el cielo y el infierno forman parte de él. El inconstante está teñido de negro y termina en el negro color del infierno. En cambio, quien se rige por la constancia se guía por el luminoso color del cielo. "


Una extraña historia de Edward Bulwer-Lytton



 

Edward Bulwer-Lytton
Una extraña historia (fragmento)

" La madre de Lilian vino a verme a mi triste morada. La Casa del Monje, en el centro de aquella acusadora camarilla, se había vuelto displacentero para ella, y para mí estaba asociada con pensamientos de angustia y de terror. Yo no podría, sin un estremecimiento, haber entrado en sus jardines,-- ni podría, sin una puñalada en el corazón, haber visto de nuevo la vieja tierra de hadas rodeando el Pozo del Monje, ni el oscuro árbol de cedro bajo el cual la mano de Lilian había sido colocada en la mía; y un supersticioso recuerdo, borrado mientras el angelical rostro de Lilian había iluminado los recintos mortales, ahora revivió en plena fuerza. La maldición del hombre moribundo --no se había realizado?
Un nuevo ocupante para la antigua Casa fue hallado dentro de una semana tras haber escrito la Señora Asleigh de Londres a un agente inmobiliario en L----, expresándole su deseo de disponer del alquiler. Poco tiempo antes de que nos fuéramos a Windermere, la Señorita Brabazon se había vuelto enriquecida por una liberal anualidad legada a ella por su tío, sir Phelim. Sus medios así la capacitaron para moverse de la comparativamente humilde habitación que ella hasta ahora había ocupado en la Casa del Monje; pero justo cuando ella había recomenzado una serie de ostentosos entretenimientos, implicando un ambicioso deseo de disputar con la Señora Poyntz la soberanía de la ciudad de Hill, ella fue atacada por alguna severa enfermedad que pareció complicarse con una enfermedad de la columna vertebral, y tras mi retorno a L---- Yo algunas veces me encontré con ella, en la espaciosa plataforma de la ciudad de Hill, llevada a lo largo lentamente en una silla de baño, su lívido rostro mirando al frente desde pilas de Chales Indios y Pieles siberianas, y la figura demacrada del Dr. Jones acechando a su lado, taciturno y sombrío como algún sincero doliente que conduce a la tumba al patrón sobre cuya vida él mismo había vivido convenientemente. Fue en el triste mes de Febrero que yo retorné a L----, y yo tomé posesión de mi hogar de empeño nupcial en el aniversario del mismo día en el cual yo había pasado a través de los mudos Muertos del sombrío cuarto de muerte del naturalista. "


Astrophil y Stella de Philip Sidney

 
 
Philip Sidney
Astrophil y Stella (fragmento)

" Vacilan las palabras, desean que llegue la invención del arte,
La invención, hija de la naturaleza…
Yo de palabras henchido, abandonado a mi dolor,
Golpeo mi ociosa pluma y me golpeo a mí mismo.
Y la Musa me dijo: “Estúpido, Mira en tu corazón y escribe”.

Llamo premio a sufrir bajo la tiranía;
Y empleo lo que queda de mi ingenio
Para intentar creer que todo va bien,
Mientras con mi cerebro pinto mi propio infierno.

Habiendo abierto una brecha y luchado bien,
Gritas: “¡Victoria! El bello día es nuestro!”
Oh, no, su corazón es una ciudadela,
Fortificada, soberbia, inteligente, desdeñosa:
Para ganarla, sólo valen la inteligencia y el dolor.

Natura bien me inclina a ver
Bellezas, aupadas en brillantes carros
Destellando kilates y encendiendo
Mi espíritu a inclinarse pronto a ellas.
Y Amor, creí que lleno estaba de ti,
Mas no encontrando llamas incansables,
Inclineme hacia otras, olvidando
La estrella que debía guiar mi paso.
Ahora sí que Amor con desamor he comprendido.
Y probando el veneno he sido envenenado.
Vuelvo, perezoso, a su amor,
Mas ella huye y de sus ojos salen volando flechas a mis ojos.
"

jueves, 10 de abril de 2014

El absentista de Maria Edgeworth- (Gran Bretaña, 1767-1849)

" Una mañana, la Señora Dashfort había concebido un ingenioso plan para que Isabel y el Señor Colambre mantuvieran un tete-a-tete, pero la inesperada aparición de Heathcock desconcertó sus intenciones. Vino a mendigar el interés de la Señora Dashfort por el Conde O´Halloran, con el fin de obtener permiso para cazar y disparar sobre sus tierras-No para mí, precisó, sino para dos oficiales acuartelados en un pueblo próximo, que sin duda se ahogarían si le les privara de la posibilidad de practicar ese deporte.
¿Quién es ese Conde O´Halloran?, dijo Lord Colambre. La señorita White, acompañante de la Señora Killpatrick, dijo que era un hombre extraño, singular y el clérigo de la parroquia, que estaba presente en el desayuno, declaró que era un hombre de excepcionales conocimientos, méritos y cortesía.
Todo lo que sé de él-dijo Heatchcock, es que es un gran deportista, que usa sombrero y un largo chaleco. El Señor Colambre expresó su deseo de conocer a este extraordinario personaje y Lady Dashfort, para guardar las formas y, tal vez, ante la ausencia de un pensamiento que pudiera ser más eficaz, inmediatamente se ofreció a llamar a los dos oficiales y llevarles con Heatchcock y el Señor Colambre a las inmediaciones del Castillo de O´Halloran.
Lady Isabel se retiró con mucha mortificación en su ánimo, pero a la vez con la gracia que conllevaba la certeza de que los capitanes Benson y Willianson serían llevados a los dominios del Conde. El capitán Benson, tomó asiento en la calesa, junto al cochero, y el resto del grupo tuvo el placer de conversar con la señora durante las tres o cuatro millas que distaban los pensamientos del Señor Colambre estaban muy lejos, y el capitán Williamson no tenía nada que decir, así que nada más se dejaba oír la voz de Heatchcock, Eh, re´lly now!- pon honour!
Llegaron al castillo de Halloran-un hermoso edificio antiguo, parte en estado ruinoso, y otra parte reparada con gran juicio y gusto. Cuando el coche se detuvo, un criado de respetable aspecto apareció en lo alto de la escalera.
El Conde O´Halloran ha ido de caza-dijo su criado-, pero volverá inmediatamente, si Lady Dashfort y los caballeros se complacen en aguardar un poco.
A un lado de la espaciosa y noble sala se hallaba el esqueleto de un alce, al otro lado, la curiosa osamenta de un ciervo, especie que según el criado se encontraba en las proximidades de los lagos de los alrededores. Los oficiales fueron testigos asombrados de varios extraños juramentos y exclamaciones.- Eh! re´lly now!--pon honour! y gentilmente consultaron su reloj, diciendo: ¿Me pregunto si se puede pensar en tomar un ligero piscolabis? Y, volviendo la espalda al alce y al ciervo, preguntaron acerca de qué tipo de caballo montaba el señor. Lord Colambre, por su parte, examinó los prodigiosos esqueletos con la sensación de sorpresa y admiración propia de cualquier mente superior al contemplar las grandes obras de la Providencia. "

 

domingo, 6 de abril de 2014

Hedda Gabler de Henrik Ibsen

Henrik Ibsen
Hedda Gabler (fragmento)

" Hedda: Lo extraño es que nos visite. Yo no la conozco más que del colegio.
Tesman: Tampoco yo la he visto desde hace mucho tiempo. Es asombroso que pueda vivir en un rincón como el que habita allá.
Hedda: Di, Tesman, ¿no es hacia esa parte adonde se ha ido a vivir...Eylert Loevborg?

Tesman: Sí, en algún punto de allá.
Berta: Señorita, está aquí la señora que vino hace poco y me entregó esas flores que tiene en la mano la señorita.
Hedda: ¡Ah! ¿Está ahí? Bien. Que pase.
Hedda: ¡Buenos días, querida! Celebro mucho volverla a ver después de tantos años.
Thea: Sí, hace mucho que no nos hemos visto.
Tesman: Ni nosotros tampoco, ¿verdad?
Hedda: Gracias por sus lindas flores.
Thea: ¡Oh, por favor!... Hubiese venido a verles ayer; pero supe que estaban de viaje.
Tesman: ¿Acaba usted de llegar a la ciudad?
Thea: Vine ayer por la tarde. ¡Oh! ¡Me sentí tan desesperada al saber que estaban ustedes ausentes!
Hedda: ¡Desesperada!... ¿Por qué?
Tesman: Hable, señora de Rysing..., digo, de Elvsted...
Hedda: ¿Ha sucedido alguna cosa?
Thea: Sí; y no conozco un alma a quien dirigirme aquí, excepto a ustedes.
Hedda: Venga usted. Sentémonos en el sofá.
Thea: ¡Oh! ¡No tengo calma ni paciencia para estar sentada!
Hedda: ¡Venga usted!
Tesman: Vamos a ver, señora... ¿Qué hay?
Hedda: ¿Es alguna cosa que le ha sucedido a usted allá en su casa?
Thea: Sí...; es decir, sí y no. ¡Oh! Temo ser mal comprendida...
Hedda: ¡Vamos! Lo mejor que puede usted hacer es decirlo todo francamente.
Tesman: Para eso ha venido usted; ¿no es verdad?
Thea: Sí, sí. Justo. Ante todo, debo decir a ustedes que Eylert Loevborg está también aquí.
Hedda: ¡Que Loevborg está...!
Tesman: ¡Como! ¿Que ha vuelto Eylert Loevgorg? ¿Oyes, Hedda?
Hedda: ¡Hombre, sí!; oigo perfectamente.
Thea: Hace ocho días que llegó. ¡Cuando una lo piensa! ¡Solo, en medio de los peligros de esta ciudad, expuesto a las malas compañías que hay aquí!
Hedda: Pero, querida, ¿usted qué tiene que ver con su conducta?
Thea: Ha sido preceptor de los niños.
Hedda: ¿De sus hijos?
Thea: De los míos, no. No los tengo.
Hedda: ¿De los de su marido?
Thea: Sí.
Tesman: Pero, ¿es que él..., no sé cómo expresarme..., estaba en condiciones de desempeñar cargos de esta índole?
Thea: Durante estos dos últimos años no ha dado nada que decir.
Tesman: ¿Oyes, Hedda?
Hedda: Oigo muy bien.
Thea: Absolutamente nada. Puedo asegurárselo a ustedes. Por ningún concepto. Y sin embargo..., ahora que sé que está aquí..., en esta gran ciudad..., y con mucho dinero, temo por él lo indecible.
Tesman: Pero, ¿por qué no se ha quedado donde estaba, al lado de usted y su marido?
Thea: Desde que apareció su libro, no ha habido paz ni reposo en casa.
Tesman: Sí, es cierto. Tía Julia me ha dicho que había publicado un libro nuevo.
"